25 años después de la disolución de la URSS

25 años después de la disolución de la URSS

El centro analítico estadounidense Atlantic Council, con sede en Washington, ha acogido este mes una curiosa reunión dedicada al 25º aniversario de la disolución de la URSS con la intervención tres personas que protagonizaron la cumbre de Belavezha el 8 de diciembre de 1991, según informó la revista Oriental Review.

El pasado 18 de noviembre, el expresidente de Bielorrusia Stanislav Shushkévich, el ex viceprimer ministro ruso Guennadi Burbulis y el primer presidente ucraniano Leonid Kravchuk participaron en la evento organizado por Atlantic Council, celebrado en la capital del país que resultó el principal beneficiario de aquel acuerdo de 1991.

El Tratado de Belavezha fue firmado el 8 de diciembre de 1991 por los entonces presidentes de Rusia, Borís Yeltsin, Bielorrusia, Stanislav Shushkévich, y Ucrania, Leonid Kravchuk, en la reserva natural bielorrusa de Belavezha. Aquella reunión también contó con la participación de los jefes de Gobierno de esos mismos países. Este histórico evento, realizado pese a que en marzo de 1991 el 78% de los ciudadanos soviéticos habían votado en un referendo a favor de la conservación de la Unión Soviética, fue uno de los más decisivos en el proceso de la disolución del país socialista. Hasta el día de hoy, la reunión sigue provocado grandes controversias en las antiguas repúblicas soviéticas.

Tras aquel acuerdo, hasta el último rincón del país sufrió las consecuencias de la pereza intelectual, la complacencia y la indolencia de las élites soviéticas. La caída de ingresos, los esquemas inhumanos de privatización que desmontaron las industrias soviéticas más rentables y la avalancha de acciones criminales, separatistas, extremistas y sectarias afectaron a casi todos los ciudadanos del que hasta hacía muy poco era un Estado de bienestar. Todo esto llevó al actual presidente ruso, Vladímir Putin, a describir la desintegración de la URSS como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

Por todo ello, no es sorprendente que, pocos meses después de la firma del Tratado de Belavezha, sus protagonistas fueron condenados rotundamente tanto por la opinión pública y como por las crecientes oposiciones de los nuevos Estados independientes.



Trayectoria de los protagonistas
En julio de 1994, Stanislav Shushkévich tuvo que abandonar las carrera presidencial de Bielorrusia en la primer ronda de votación al recibir solo el 10% de los votos. Shushkévich, profesor de física durante más de 40 años, trató luego de encabezar un partido social demócrata, pero no logró ganar ni un escaño en el parlamento. Actualmente vive en Polonia, donde enseña ciencias políticas en una universidad.

Leonid Kravchuk tuvo que convocar presidenciales anticipadas en junio de 1994, en medio de una crisis económica severa y huelgas de mineros en el este de Ucrania. Perdió los comicios en la segunda vuelta frente a Leonid Kuchma, y estuvo los siguientes 12 años ocupando una escaño parlamentario hasta que su Partido Social Demócrata no alcanzó el 3% de los votos, el mínimo exigido para entrar al parlamento. Desde entonces, su mayor éxito ha sido la aparición en unos sellos postales dedicados a su octogésimo aniversario, en 2014.

El ruso Borís Yeltsin, el más feliz del trío de líderes, abandonó esta vida en su cama pacíficamente en abril de 2007. Persona de gran carisma e influencia, no perdió ninguna de las elecciones a las que se presentó. El 31 de diciembre de 1999 anunció su dimisión tras pedir disculpas a la nación rusa y cedió el mando del país a Vladímir Putin.

El aliado cercano de Yeltsin, Guennadi Burbulis fue profesor de materialismo dialéctico marxista en Sverdlovsk (actualmente Ekaterimburgo). A partir de 1989, representó junto con Yeltsin a la ciudad de Urales en el Soviet Supremo (Parlamento) de la URSS. Conforme a múltiples fuentes, Burbulis proporcionó el fundamento y motivación principal en la lucha de Yeltsin por el poder y la subsiguiente autorización de las reformas ultraliberales en Rusia.

El fracaso en diciembre de 1992 del impopular Gobierno en el que ejercía la vicepresidencia socavó la influencia de Burbulis sobre Yeltsin. Tras ocupar varias sinecuras en Rusia, estableció en 2010 una escuela de ‘politosofia’ (según su propio neologismo) en Moscú, donde se ofrecen cursos en disciplinas vagamente determinadas. Según Oriental Review, su figura resulta de más interés “para los psiquiatras estadounidenses que para los políticos”.

“Así son estos enanos políticos invitados por Atlantic Council para celebrar el 25.º aniversario del Tratado de Belavezha, el apogeo del triunfo estadounidenses sobre los asuntos soviéticos. Hoy tienen tanto sentido como los insignificantes resultados de las aspiraciones para subyugar los recursos naturales y el espíritu humano de Rusia en el último cuarto de siglo”, escribe la revista.