Bahía de las Águilas: ¿Grado a grado?

Bahía de las Águilas: ¿Grado a grado?

“Cuando unos inversionistas hoteleros se retratan con el Presidente de la República y el ministro del gremio en el “próximo gran polo de desarrollo turístico” es porque las conversaciones van muy avanzadas. (…) El tema entonces es de inversión, pero sobre todo de oportunidad y transparencia. Bahía de las Águilas no es un punto geográfico, coordenadas en un mapa. Es todo un tema político, ecológico y social. Es una oportunidad de hacer las cosas bien o de perpetuar los errores medioambientales, laborales (los sueldos en el sector son terriblemente bajos), de desarrollo urbanístico, de improvisación municipal… que se han cometido en otros puntos que, en su momento, también fueron “el próximo gran destino””. Inés Aizpún, Diario Libre, junio 24, 2017

El gobierno dominicano ha anunciado la explotación turística de Bahía de las Águilas; para muchos se trata de una gran noticia para el sur, especialmente para Pedernales, una de las provincias más empobrecidas del país, pero con un alto potencial turístico. Mas de seis mil empleos directos, la construcción inicial de unas tres mil habitaciones y la construcción de un aeropuerto internacional son los componentes iniciales de un vasto proyecto que transformaría la precaria economía del denominado sur profundo. Todo esto ha sido precedido de una larga lucha judicial para recuperar unos terrenos que fueron vulgarmente robados bajo el pretexto de realizar unos asentamientos agrarios en unas tierras sin ninguna vocación agrícola. Sin dudas, uno de los grandes fraudes hechos hasta la fecha al Estado dominicano.

Si bien es cierto que Pedernales y el sur requieren de la explotación turística de Bahía de las Águilas, no es menos cierto que tal explotación debe implementarse en base a criterios predefinidos en lo que se refiere al respeto medio ambiental, la defensa de los intereses económicos del país y la efectiva integración de la comunidad a los distintos proyectos en carpeta; lo que, en su conjunto, debe ser parte de un plan maestro de desarrollo del sur o, al menos, de Pedernales. Y es, precisamente, en estos aspectos que el gobierno está dando muestras de improvisación. No se conoce de manera oficial en qué consiste el plan maestro del gobierno, indispensable para evaluar la pertinencia o no de la inversión privada -extranjera o nacional- en Bahía de las Águilas. En este sentido, el gobierno se ha comprometido con un proyecto del que no conoce la versión final; y se habla de que en julio volverían los inversionistas con dicha versión para dar inicio al proyecto. ¿Qué tiempo se va a tomar el Ministerio de Medio Ambiente para hacer la evaluación de lugar? ¿Qué tiempo se tomará el Ministerio de Turismo? Las interrogantes no son capciosas, pues se tiene la experiencia de importantes proyectos que se han iniciado sin los permisos correspondientes de Medio Ambiente.

Pero, la gran pregunta es: ¿deben ser licitados los recursos naturales? La respuesta jurídica debe ser dada por los abogados; aunque tratándose de una «contratación» pudiera interpretarse que le aplica la ley de compra y contrataciones. Independientemente de que le aplique o no la citada ley, desde el punto de vista económico y de la defensa de los intereses públicos es innegablemente cierto que la explotación de un recurso público requiere de una licitación previa. De otra manera no se puede establecer el valor de mercado de una propiedad pública. Si no hay licitación -por supuesto, sin manipulación- queda la incógnita de si otras ofertas hubiesen sido mejores para el interés nacional. Sin licitación se abren los espacios para la especulación y para las negociaciones discrecionales y antojadizas.

En esta etapa, en la que Bahía de las Águilas aún no ha sido intervenida es mandatorio tener bien definido el plan de desarrollo, de manera que los potenciales inversionistas conozcan de antemano las reglas y los propósitos de explotar un recurso natural tan importante para la región del sur y para el país. Existe una experiencia internacional para la licitación de recursos naturales que puede ser aprovechada por el gobierno dominicano. En estos momentos, por ejemplo, se está llevando a cabo en Cádiz, España una licitación para la explotación de un islote situado en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, con unos términos de referencia que aseguren la protección ambiental, económica y social de la zona a explotar. A las autoridades de Cádiz no se les ha ocurrido que pudieran conceder dicha explotación sin la mediación de una licitación apropiadamente implementada. Otras experiencias pueden ser utilizadas como referentes.

Todo lo que se haga en Bahía de las Águilas debe enmarcarse en una visión de largo plazo, pues los daños que pudieran causarse como consecuencia de la prisa y de la improvisación -como se pudiera sospechar, dada la información que hoy se dispone- podrían resultar muy difíciles de revertir. Sólo la planificación -entendida como la articulación efectiva entre la visión, las metas y los planes- y la transparencia pueden asegurar que los riesgos implícitos en la explotación de Bahía de las Águilas sean mitigados de la forma más eficiente; en este mismo orden, la opacidad y la prisa política por generar «buenas noticias» pudieran devenir en los principales enemigos para la sostenibilidad de un proyecto que pudiera transformar el cuadro de pobreza de Pedernales y zonas aledañas.

No debemos olvidar que ya Bahía de las Águilas fue piedra de escándalo; por tanto, el gobierno no debe escatimar esfuerzos para evitar que nuevos escándalos nublen el futuro del sur e impidan que la prosperidad llegue a una región cansada de esperar y agobiada por la desesperanza…

POR: PEDRO SILVERIO ALVAREZ

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