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El cartel de los sapos de Odebrecht – Por German Marte

El cartel de los sapos de Odebrecht – Por German Marte

“Todo tiene su final, nada dura para siempre/tenemos que recordar que no existe eternidad”,
Héctor Lavoe, salsero puertorriqueño

Hasta que estalló como una granada el escándalo de Odebrecht, el caso de corrupción más grande de las últimas décadas, la estrategia comunicacional del Gobierno había funcionado a la perfección, como un reloj suizo.

Todo estaba bien sincronizado: el silencio del Presidente, el coro de “bocinas”, las redes sociales, los brinquitos, las sillas plásticas, las visitas “sorpresas”, el cacareo, los videos elaborados, la Dicom, las réplicas, etc. Una coreografía perfecta.

Pero resulta que, como en la narconovela “El cartel de los sapos”, algunos delincuentes tardan para comenzar a hablar, pero una vez arrancan hay que taparles la boca para que se callen, y es así como en Brasil ahora tenemos “Los sapos de Odebrecht”, que están cantando todo.

A finales del año pasado, la constructora admitió ante las autoridades de Estados Unidos que había repartido US$788 millones en al menos 12 países para sobornar a funcionarios y legisladores a fin de conseguir le fueran adjudicadas obras millonarias (que en el caso dominicano siempre terminaban inflando el presupuesto original, llegando a triplicarlo en algunas ocasiones).

Hoy sabemos que hubo más, que en cinco países, incluido República Dominicana, repartieron unos 3,390 millones de dólares para financiar campañas.

Tras haber confesado esa y otras prácticas mafiosas, en Brasil están presos Marcelo Odebrecht y otros ejecutivos de la empresa.

En Colombia hay detenidos, en Perú igual. En Panamá y Guatemala hay varias personas ligadas a gobiernos pasados bajo investigación.

A fin de evitar un daño mayor, Odebrecht y sus cómplices tratan de llegar a acuerdos e incluso están dispuestos a pagar (y han pagado) con los mismos dineros proveniente de las sobrevaluaciones. Ante lo inevitable, están “cantando” como en la serie colombiana “El cartel de los sapos” y poco a poco la verdad va saliendo a flote.

Por eso son inútiles los esfuerzos de los políticos y funcionarios dominicanos en tratar de ocultar la verdad.

Pretenden hacernos creer que en el único sitio donde no hubo reparto de sobornos ha sido aquí. Un cuento chino que solo ellos simulan creer. Pero los sapos apenas han comenzado a croar.

Casualmente, uno de los “sapos de Odebrecht” es Joao Santana, “el hacedor de presidentes”, principal asesor de campaña de Danilo Medina.

Otro “sapo” es Hilberto Silva, un alto ejecutivo de la empresa, quien esta semana reveló que el repartidor de los sobornos era precisamente Joao Santana. Aunque su abogado lo negó.

Silva dijo que Joao Santana fue quien gestionó el pago irregular de Odebrecht a campañas electorales entre los años 2006 y 2014, y que tales transacciones alcanzaron los US$3,390 millones, de los cuales al menos el 80 % se usó para pago de sobornos en cinco países, incluido (repito) República Dominicana, donde Joao era el principal estratega electoral del presidente Danilo Medina.

El país habría sido usado como centro de operaciones para la distribución de las coimas.

Según la prensa brasileña, el exdirectivo detalló que los pagos ilegales fueron distribuidos por año de la siguiente manera: en 2006, US$60 millones; 2007, US$80 millones; 2008, US$120 millones; 2009, US$260 millones; 2010, US$420 millones; 2011, US$ 520 millones; 2012, US$730 millones; 2013, US$ 750 millones y 2014, US$ 450 millones.

Los pagos se realizaba en hoteles donde se alojaban los intermediarios.

Y ese ensordecedor coro de “sapos de Odebrecht” tiene desconcertados a los estrategas del gobierno de Danilo. Por eso cometieron varios errores antes de que el gallo cantara tres veces, veamos: Danilo y Joao hablaron casi simultáneamente, el Presidente se apresuró a hablar, como los mudos cuando la sopa está muy caliente; Reinaldo dice que no es ilegal aceptar aportes de empresas privadas, y Marchena dice que no estaba al tanto de los detalles de la labor de Joao.

A lo mejor todos dicen la verdad, pero no se nota coordinación, sino desconcierto y desesperación.
Porque como diría Serrat: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

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