Dominicanidad transida: ¿virtual o real?

Dominicanidad transida: ¿virtual o real?

Si con Emmanuel Lévinas asumiéramos que la filosofía es la ciencia de las ingenuidades, y que su ámbito está en el Topos Uranos platónico, bien apartado de la vida cotidiana o la realidad, entonces, podríamos ver en la tecnología una dimensión radicalmente opuesta y esencialmente ajena a ella.

Parecería, pues, que la tecnología y su inclinación hacia los recursos digitales coluden con la filosofía. Para Heidegger (1953) la pregunta por la técnica, que es básicamente estructura de emplazamiento, y, por tanto, maquinaria, conlleva a la esencia de su relación con el hombre y su afán de hacer salir lo oculto, poniendo al hombre mismo en peligro frente a su propio destino.

El peligro está en que la técnica impone su dominio. Solo el arte podría salvar la humanidad de ese sino. Sin embargo, no ha sido exactamente así.

El apogeo tecnológico-digital ha dado lugar a un nuevo campo filosófico, colocado más allá de la sociología, aunque se nutre de ella, al que hemos dado en llamar humanismo digital. Manuel Castells, para solo citar un caso, publicó entre 1997 y 1998 su extraordinaria saga de tres volúmenes titulada “La era de la información” -recordemos que el fenómeno era relativamente reciente-, a través de la cual disecciona la cuestión en temas capitales como la sociedad red, el poder de la identidad y el fin de milenio con sus implicaciones de orden ideológico y socioeconómico.

En nuestro país, el catedrático y ensayista Andrés Merejo ha hecho de este nuevo campo su estandarte mediante la publicación de una serie de obras como “El ciberespacio en la Internet en República Dominicana” (2007), “Hackers y filosofía de la ciberpolítica” (2012), “La era del cibermundo” (2015), con la que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, Modalidad Ensayo Científico en 2014, y “El Cibermundo Global en la República Dominicana” (2016).

Obtuvo un doctorado en Filosofía en un Mundo Global por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y es coordinador del máster conducente a doctorado La Globalización a Examen:

Retos y Respuestas Interdisciplinares (UPV/EHU-UASD), así como fundador y director del Observatorio de las Humanidades Digitales en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), desde el cual promueve seminarios y foros sobre cibercultura, ciberpolítica, filosofía y epistemología, entre otros.

En su más reciente obra ensayística titulada “La dominicanidad transida. Entre lo virtual y lo real” (2017), Merejo profundiza su visión de lo que entiende como filosofía tecnocientífica, abordando el fenómeno cibernético, en tanto que saber complejo, para un análisis, desde una perspectiva ética, de la sociedad posmoderna a través de la articulación crítica del sujeto cibernético, el lenguaje, la lengua-cultura y los acontecimientos societales en general, sobre todo, aquellos relacionados con las ciberadicciones, la ciberpolítica y el ejercicio y la degradación del poder fáctico (hipercorrupción, hiperclientelismo, hiperpatrimonialismo).

Apelando a un verso del poeta peruano César Vallejo toma el término “transido” para la construcción de lo que llama “dominicanidad transida”, es decir, aquella que vive entre lo real y lo virtual, aquella percibida “como devenir de una construcción imaginaria en el plano social y cultural”; aquella conceptualizada “como expresión de la fatiga, de las penalidades”; aquella “atravesada por acontecimientos reales y virtuales, de convulsiones e incertidumbres sociales y políticas a escala global” (p.17).

Si bien se padece una bancarrota ética, que tiene en la partidocracia y el Estado clientelar sus más deleznables expresiones, el autor quiere salvar la dominicanidad del fatalismo, del pesimismo y de la incertidumbre a que se la empuja y que la evidencia transida, fatigada, acongojada, consumida o angustiada. Pero, también, miserable y ridícula. ¿Salvación real o virtual? ¡Salvación necesaria!

Autor : José Mármol

Compartir