Sobre el Estado Islâmico: equilibrio insostenible

Sobre el Estado Islâmico: equilibrio insostenible

La corta historia del autodenominado Estado Islámico parece entrar en una etapa decisiva; ya perdió el 65 % de los territorios que controlaba en Irak y la previsible derrota en Mosul se resume con las palabras del enviado especial de Estados Unidos para la coalición internacional antiyihadista: “Todos los combatientes del Estado Islámico en Mosul van a morir”.
En Siria, la capital del califato, Raqa, está rodeada por tropas turcas, rebeldes sirios, fuerzas leales a Damasco apoyadas por Rusia, y por combatientes kurdos respaldados por Estados Unidos.
Bachar al Asad resiste y vislumbra su victoria; la inestimable ayuda de Rusia, Irán o Hezbolá, y la aceptación como un mal menor por parte de Europa ante la amenaza yihadista y al flujo migratorio, lo han salvado. De todos modos, este territorio fragmentado y devastado que solía ser Siria no volverá, por ahora, a ser un país con peso en la zona.
La Administración Trump ha apostado por elevar su papel militar con el envío de 400 marines más. Y ante la inminente batalla unas 300 familias de líderes del Estado Islámico han huido de la ciudad, pero se estima que entre 3.000 y 4.000 combatientes permanecen en Raqa como parte de una fuerza de combate de alrededor de 15.000 yihadistas que aún aguantan en Siria.
Por otro lado, una de las principales dificultades de la liberación de Raqa radica en la multitud de fuerzas rivales que van a participar en la batalla. Por ejemplo, la presencia de milicianos kurdos ha puesto en alerta al Gobierno de Turquía.
Desde su fundación todos saben que este Estado de fundamentalistas tiene los días contados, sin embargo, en su funesto desarrollo pudo haber cumplido indirectamente algunas funciones estabilizadoras: el elevado nivel de violencia ejercida sirve como propaganda repulsiva hasta para muchos fanáticos, y al mismo tiempo, ha sido un aglutinante de los radicales más peligrosos del mundo. La división entre terroristas es un hecho cada vez más palpable.
Pero lo más relevante de la existencia del califato es que, en cierta medida, causa un consenso comparable al que generó el Tercer Reich, es decir, representa un punto que reúne intereses opuestos, por un lado, los de Rusia, al Asad, Irán y Hezbolá, y por otro, los de Estados Unidos, los rebeldes sirios y los kurdos.
Más allá de la afinidad entre Trump y Putin, la desaparición total del Estado Islámico sería un problema para las fuerzas que se encuentran en Siria. Las desavenencias entre Occidente y Oriente o entre diferentes actores de la comunidad internacional, se podrían desnudar todavía más con el cierre de esta dilatada guerra.
La gran paradoja es que la caída del Estado Islámico puede significar el fin de la dictadura más brutal del siglo XXI, como también el desmoronamiento de este precario equilibrio que brinda el tener un enemigo común.

Autor: Augusto Manzanal Ciancaglini

Autor: Augusto Manzanal 

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