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He jugado al FIFA 18 y no hay debate: sigue siendo el rey (pero tiene un problema)

He jugado al FIFA 18 y no hay debate: sigue siendo el rey (pero tiene un problema)

¿Cómo mejoras lo que, año tras año, se ha convertido en un éxito monumental de ventas? La pregunta no es sencilla de responder y en EA Sports, padres de la saga FIFA, prefieren echar el freno de mano. Cuando construyes sobre una base tan solida como la de la franquicia futbolera, la prudencia aconseja hacer arreglos cosméticos, más después de que la edición del año pasado introdujera un nuevo motor gráfico. Sí, FIFA 18 es un juego continuista y con pocos cambios respecto a su antecesor, y eso es un problema. Pero tranquilos, no es grave: se sigue manteniendo en la cima de los juegos de fútbol.

El último FIFA no sólo supuso un salto gráfico respecto a versiones anteriores sino que también marcó el inicio de The Journey, el particular modo en el que controlamos a un jugador inventado (Alex Hunter) y llevamos hasta la gloria. No solo controlamos su trabajo en el campo sino que había que manejar sus relaciones fuera de él o su actuación en los entrenamientos.

Y FIFA 18 trabaja en apuntalar esos dos grandes aspectos. Lo hace con algunos añadidos extra (nuevas leyendas en el modo Ultimate Team, que esta vez representarán a cada jugador en tres momentos diferentes de su carrera) y potenciando cada vez más el componente online y competitivo del juego pero siendo fiel a sus raíces.

Ser fiel a las raíces de FIFA significa tocar más bien poco
Ser fiel a las raíces de FIFA significa tocar más bien poco

Lo malo: ser fiel a las raíces de FIFA significa tocar más bien poco. La nueva entrega guarda más bien pocas sorpresas. Después de un inicio de generación titubeante, con aquel motor gráfico Ignite que sólo aguantó el tirón durante tres temporadas, Electronic Arts decidió tomar un paso lógico y utilizar en FIFA el motor Frostbite que tan buenos resultados había dado en sagas como Battlefield.

Poco se puede decir de Frostbite que no se dijera hace un año. Dijimos en aquel texto que todas las dudas [que provocaba el rediseño del juego de arriba a abajo] “se disipaban” en cuanto echaba rodar el balóny nada ha cambiado en esta edición. Es más, como le corresponde a una nueva entrega, y aunque los plazos entre una versión y otra sean ínfimos para implementar grandes mejoras, se nota un aumento en el número de animaciones de los jugadores.

No más ‘correcalles’

El tempo del juego cada vez es más pausado, una bendición para los jugadores que habían visto a FIFA convertido en un correcalles durante las primeras ediciones de esta década. Aunque EA Sports todavía tiene trabajo por delante con el famoso pase al hueco elevado: basta con tener un jugador medianamente hábil para que sea capaz de marcarse unos desplazamientos de 40 o 50 metros dignos de Toni Kroos.

Habida cuenta de que los cambios en lo jugable son escasos (se mantiene la mecánica de los lanzamientos de falta y de los penaltis, aunque esta última se ha simplificado para mejorar lo que se convirtió en un lastre durante el año pasado), se nota un empeño de EA Sports por lograr que las retransmisiones de los partidos ofrezcan una experiencia cercana a la de la televisión al estilo de lo que NBA 2K lleva años logrando con éxito más que notable.

Es necesario dar un paso más en pos de la autenticidad si pretendes recrear con exactitud el ambiente de un partido de verdad.
Es necesario dar un paso más en pos de la autenticidad si pretendes recrear con exactitud el ambiente de un partido de verdad.

Se nota de buenas a primeras cuando el duelo que inicia el juego en la primera partida, un Madrid-Atleti, cuenta con los rótulos de la liga española en los marcadores como si lo estuvieras viendo en Gol, BeIN o el Partidazo. Pero es necesario dar un paso más en pos de la autenticidad si pretendes recrear con exactitud el ambiente de un partido de verdad.

La afición sigue siendo demasiado genérica (a pesar de que los cánticos de las hinchadas ayuden a reconocerlas) y en líneas generales el aspecto de un estadio es demasiado perfecto. Por ejemplo, que el tiempo todavía no sea dinámico y se juegue con la misma luz durante los noventa minutos es otro de esos elementos que demuestran que el título se podría haber pulido mucho más en busca de esa autenticidad.

Un viaje, un tutorial y una historia

Regresa el modo The Journey, que debutó en la primera entrega y esta vez lo hace despojado de las ataduras que tuvo durante ese primer año en el que sólo podíamos manejar a Alex Hunter en algún equipo de la liga inglesa. Ahora podremos llevarle a jugar a las grandes ligas europeas y también podremos personalizar su aspecto, no sólo en lo referente al físico sino incluso en su ‘look’ en el campo, ya sea con camisetas más o menos ajustadas, esparadrapo de colores a la altura de los tobillos o guantes cuando llegue el invierno.

The Journey marca el intento de EA Sports de dotar de narrativa a un título que, en su gran mayoría, se juega con amigos y casi siempre en pareja, ya sea en un sofá o con una conexión a la red de por medio. Otorgar al juego una campaña es interesante, y es capaz de crear lugares comunes reconocibles por cualquier amante del fútbol, pero en líneas generales se convierte, por momentos, en un lastre donde el juego importa poco y todo lo que le rodea acapara gran parte de la atención. No podría haber una mejor definición de lo que supone el fútbol moderno.

The Journey revela de una sentada todo lo que un jugador de FIFA necesita saber.
The Journey revela de una sentada todo lo que un jugador de FIFA necesita saber.

Pero The Journey puede ser interesante por un motivo distinto. Tanto si eres nuevo en la saga —complicado— como si hace años que te has alejado de ella —algo más razonable— el título funciona a la perfección como tutorial. El hecho de alternar entrenos en equipo, entrenos individuales en los que se explican y mejoran las técnicas básicas del futbolista con partidos se erige en un completísimo tutorial que, sin la necesidad de llevar impresa esa etiqueta, revela de una sentada todo lo que un jugador de FIFA necesita saber.

¿Para cuando un ‘FIFA as a service’?

La cada vez mayor implantación del modelo de distribución digital en las consolas de sobremesa llevan de la mano una pregunta inherente a cualquier franquicia que se renueva año a año, ya sea de corte deportivo (donde la pregunta es más evidente) o de cualquier otro género. ¿Hasta cuándo se va a perseguir el modelo de un lanzamiento cada doce meses en lugar de mantener el juego actualizado mediante el cobro de una cuota mensual?

Las ligeras mejoras de FIFA 18 son el mejor de los argumentos en favor de un modelo de negocio que ya se aplica en otros videojuegos, desde hace años, y con excelentes resultados. Ahí está League of Legends entendido como un ‘games as a service’ como también lo son otros títulos, especialmente en el ámbito del PC.

Tal y como escribía recientemente un directivo de Epic Games, Donald Mustard, los juegos “se pueden concebir como una serie de televisión donde hay un plan a varios años vista”. No se me ocurre mejor manera de fidelizar a la comunidad de FIFA que ofreciéndoles un producto con cambios y mejoras constantes y que no esté sometido a la dictadura de los lanzamientos anuales.

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