Imposición y garrote vestidos de diplomacia

Imposición y garrote vestidos de diplomacia

“Estados Unidos primero, no significa Estados Unidos sola…”, dijo Mike Pence en Chile, ante una Michelle Bachelet que escuchó resignada sus elogios a la gestión encabezada por Augusto Pinochet.

Las imágenes que los grandes medios no pudieron ocultar al mundo de las manifestaciones de repudio a la prepotencia imperialista quemando banderas yanquis frente al Palacio de La Moneda, constituyen una muestra fehaciente de que a la abyección de ciertos gobiernos se opone la dignidad de los pueblos.

El viernes 11 de agosto, Donald Trump advirtió que podría ordenar una invasión a Venezuela, y el domingo 13, Mike Pence inició una gira por América Latina para dejar claro que Estados Unidos se propone restaurar la sumisión en la zona.

Juan Manuel Santos, Mauricio Macri, Michelle Bachalet y Juan Carlos Varela, convertidos en actores de un reparto encabezado por el conservador vicepresidente de Estados Unidos, se pronuncian solicitando que no se materialice la invasión, pero en apoyo a las sanciones y a otras formas de presión y de injerencia.

“Chile hará todo lo posible por apoyar a los venezolanos a encontrar el camino pacífico para restablecer su democracia, pero Chile no apoyará ni golpes de Estado ni intervenciones militares. En el caso de las sanciones, apoyaremos las que sean adoptadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”, dijo Bachelet en un esfuerzo por vestir de legalidad el abuso imperialista.

 

El viejo cuento de la intervención humanitaria

Analistas como Noam Chomsky y James Petras, han recordado en días recientes la llamada “Teoría del Loco”, artimaña de Richard Nixon y Henry Kissinger de atribuir al desequilibrio (parece que muy real) de Nixon, agresiones como los criminales bombardeos sobre Camboya. El papel del “loco” correspondería hoy a Trump, personaje misógino, racista y ambicioso. Hoy, como ayer, es inocultable, sin embargo, la mano del sector que mueve a estos personajes, locos o cuerdos.

El objetivo del poder estadounidense como conjunto de fortalecer el posicionamiento de las élites latinoamericanas, es obvio que existe.

Aunque Petras considera que no es seria la amenaza, hay que decir que a esas intenciones se debe oponer la presión popular.

La bravuconería de Trump recuerda la Teoría del Loco, pero la gira de Pence revive el viejo expediente de la intervención humanitaria. En América Latina, fue utilizado en Haití en 1994.

Juan Manuel Santos, Mauricio Macri y Michelle Bachelet hablan de derechos y de problemas sociales. La guerra económica es vieja y sobre sus efectos se trata de montar la posible motivación humanitaria para una invasión (el término ocupación humanitaria es un contrasentido que la

diplomacia del orden mundial vigente lo incluye en su diccionario como si desconociera que riñe con la lógica).

El tratamiento de patio trasero

“Primero Estados Unidos…” dice un Pence vestido de diplomático y actuando como gendarme.

Y define a la libertad como cosecha de la siembra de las crueles dictaduras del Cono Sur.

Lo aplauden Mauricio Macri y Juan Manuel Santos, derechistas redomados. Asiente Juan Carlos Varela, oligarca por su adhesión al saqueo. Michelle Bachelet, víctima de la dictadura pero comprometida con el sistema, trata de aparentar decencia, pero no es posible disfrazar de dignidad la sumisión.

Estos presidentes refuerzan el trabajo de los ultraderechistas colocados en el Congreso y en otras instancias en Estados Unidos, muchos de ellos contrarrevolucionarios de origen cubano y venezolano. ¿Qué les tocará decir cuando, en septiembre, la Oficina de Control de Activos anuncie el endurecimiento de ciertas medidas contra Cuba? No hay que ser mago para predecirlo.

Pence expresa que, sobre Venezuela, Estados Unidos trabajará junto a sus aliados en América Latina… A su pesar, los define. Son mandatarios de nombre y títeres de hecho… Títeres de Pence y de los empresarios que lo acogen y anotan sus orientaciones… En esta parte del continente, la quema de banderas yanquis tiene enorme significado… ¿Hablarán de retroceso quienes validan las tropelías de las dictaduras que hace cuatro décadas ya eran anacrónicas?

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