“Internet ha infectado el periodismo”

“Internet ha infectado el periodismo”

Esto no es una herejía: es un homenaje. Sometemos a un ‘factcheck’ a Bob Woodward. Él estaría a favor de esta verificación de datos (creemos).

El legendario periodista se encuentra en Madrid para participar en el Management & Business Summit (Mabs2017), un foro organizado por Atresmedia. Éste es el último fragmento de la entrevista que concede a PAPELun rato antes de impartir su conferencia.

Hace muchos años usted dijo que su número estaba disponible en la guía telefónica por si alguien quería hacerle llegar alguna información… ¿Lo mantiene?
Sí. A veces me llaman, aunque una de las cosas que he aprendido con el tiempo es que las mejores fuentes no son las voluntarias, sino las reclutadas…
Buceo en el listín telefónico online de la ciudad de Washington. Aparecen muchos Woodwards, pero la U de su segundo nombre (Upshur) acota la búsqueda. Allí son las cinco de la tarde. Llamo. Tras varios tonos se oye una voz femenina. Es un contestador automático: «Está llamando a la casa de Elsa Walsh y Bob Woodward. Por favor, deje su mensaje después del tono». Wash es periodista (trabajó en la revista New Yorker) y la tercera esposa de Woodward.

Confirmado: Bob Woodward dice verdad.

Y Woodward sólo quiere verdad. Cuando una posible fuente no quiere hablar con él, la solución es sencilla: presentarse en su casa sin avisar. La mejor hora son las 20.15. «La verdad se consigue por la noche; las mentiras, por el día», es una cita frecuente de su apostolado. «Mejor un martes que un lunes», concreta, quizás porque en el primer día de la semana la gente anda con más reflejos. Delicado, en la comisura de los labios esconde una maliciosidad cachonda que asoma como si lanzara un reproche a los tiempos que vivimos: «Un colega me ha reconocido que ya no sale a la calle, que entrevista por internet o por teléfono…».

Estos axiomas de reportero son su código de perro viejo. El de alguien cuya hoja de servicios incluye el cadáver político de un presidente de EEUU, el haber sido Robert Redford en la versión cinematográfica de su libro Todos los hombres del presidente (recién reeditado en España por Lince) y el título oficioso de periodista más influyente de la historia.

Quien, entre 1972 y 1974, resolvió junto a Carl Bernstein un puzle de la magnitud del Watergate trabaja a sus 74 años -45 en The Washington Post- en un oficio en el que los grandes escándalos se investigan a través de alianzas de medios de distintos países y las exclusivas se publican de forma coordinada (véase Football Leaks o Los papeles de Panamá). Un trabajo que golpea al lector con la misma fuerza en Madrid y en Tokio gracias a internet , lejos del ritmo del dúo Woodward-Bernstein que, durante muchos meses, fue regando con sus artículos la sociedad de EEUU como una gota malaya.

“Internet está infectando el periodismo. Hoy todo se basa en la velocidad…La gente exige inmediatamente conclusiones, opiniones, saber lo que va a pasar”

Este nuevo orden mundial del periodismo de investigación no desorienta en absoluto a Woodward. Pero a él le gusta más el trabajo de orfebre autónomo que sólo rinde cuentas ante su director. «Hoy todo se basa en la velocidad. Internet ha infectado el periodismo en el sentido de que la gente exige inmediatamente conclusiones, opiniones… Se quiere que todo se concentre en el futuro, en el ‘dime qué es lo que va a pasar’. Y no sabemos lo que va a hacer el futuro con nosotros».

Si hemos demostrado incapacidad para ver el futuro, últimamente parece que ya no vemos ni el presente.

Los medios de comunicación no vieron el triunfo de Trump, el Brexit y, en España, lo sucedido en las primarias del Partido Socialista. ¿En qué nos estamos equivocando?
No escuchamos y vamos siempre con prisa. Antes de la campaña presidencial di una charla en una empresa en Texas. Pregunté a la audiencia, de unas 400 personas, a qué candidato pensaba votar en las elecciones. Diez personas se decantaron por Clinton y 200, por Trump. Abrumado, el consejero de la compañía me reconoció que jamás habría imaginado que la mitad de sus empleados eran seguidores de Trump.
Quizá los medios creen a ciegas en las encuestas y muchos reporteros no salen de la burbuja de las grandes capitales…
Incluso el votante miente en las encuestas. Dos días antes de las elecciones advertí que Trump podía ganar y mucha gente me dijo: «¡Estás loco! ¡Eso es imposible!».
¿Cómo se debe seguir la actualidad cuando el presidente Trump marca la agenda a golpe de tuit?
Sus tuits deben ser tomados como declaraciones presidenciales. Hay que cubrirlos y explicarlos. Sobre todo representan un problema para su propio equipo, ya que en muchos de sus mensajes contradice a miembros del gobierno.
Woodward lleva traje de corte clásico, alejado del icono de moda que involuntariamente fue en la España de los 70. No sé si es consciente de eso. Woodward, Bernstein y el director Ben Bradlee ejercieron la misma fascinación sobre la prensa española de la Transición que Cruyff en los futboleros. De EEUU llegaba un mensaje intelectual (la prensa libre es capaz de derribar a un gobernante corrupto) y también estético (chaquetas de pana, corbatas de pala ancha…). Sólo hace falta ver fotos de unos jóvenes Pedro J. Ramírez, Juan Luis Cebrián, José Luis Gutiérrez y compañía para comprobarlo. Los periodistas del Post fueron el símbolo de la era (ya acabada) en la que el cuarto poder era todopoderoso. ¿Y ahora?

¿Cree que Google y Facebook son asesinos de periódicos?
Creo que internet puede serlo… Pero es cierto que la llegada de Jeff Bezos, alguien que ha revolucionado el comercio electrónico, apoya con recursos el periodismo de investigación en mi diario. Vivimos en una época en la que siempre se dice lo mismo, articulistas que constantemente apuntan que Trump está acabado, que no nos gusta… La destitución de un presidente es algo muy serio. Nosotros tuvimos que investigar durante años el caso Nixon. La posible injerencia de Trump en el espionaje ruso requiere mucha más investigación, faltan pruebas. Las respuestas no sólo están en Estados Unidos, están sobre todo en Rusia. Quienes investigan el tema tendrían que hablar con algún desertor del servicio secreto ruso y eso es difícil.
Cuando una fuente no quiere hablar con él, se planta en su casa. La mejor hora son las 20.15: “La verdad se consigue por la noche. Las mentiras, por el día”

Jeff Bezos, fundador de Amazon, compró el Post en 2013 por 190 millones de euros cuando el periódico sufría una profunda crisis económica y de ventas. Su llegada fue recibida con escepticismo en la redacción. En 2017 se espera que la cabecera logre beneficios y contrate a 60 nuevos periodistas.

Ha mencionado al dueño de su periódico, ¿qué ha cambiado?
Bezos es quizás el hombre más rico del mundo [Según Forbes es el segundo, por detrás de Bill Gates] y le conozco desde hace tiempo. Basa su negocio en la estrategia de la paciencia: en Amazon triunfa centrándose en el cliente y está haciendo lo mismo con el Post. Además, ha traído dinero y experiencia en información digital. Considero que hoy la app del periódico es una de las mejores del mundo.
El periodismo vive siempre en el alambre del error, pero el peligro y la difusión de las ‘fake news’ (noticias deliberadamente falsas) es inquietante. ¿Se puede luchar contra ellas?
En primer lugar, no sabemos de dónde proviene la información de las fake news, sabemos que es algo que no nos gusta, que se genera con fines políticos. Creo que el problema aquí viene de la clase política. Ya lo dijo Bernstein: «Sigue al dinero, pero también a las mentiras». Hay demasiadas mentiras, esto es un fraude que a veces salpica a los medios y muy frecuentemente a los políticos.
En cuanto a los errores, la cagada de pájaro que sobrevuela cualquier trabajo periodístico, Woodward (que, como todos, los comete) ha demostrado una actitud honorable. Se culpa de no haber escarbado lo suficiente en el tema de las presuntas armas de destrucción masiva que fueron el pretexto usado por la Administración de Bush hijo para invadir Irak. Es cierto que Woodward tiene sus detractores, que le acusan de estar demasiado cerca del poder y de guardarse historias para sus libros, pero nadie puede discutir su profunda capacidad de análisis. Moldeable sólo por los acontecimientos, nunca por prejuicios.

Cuando Woodward investigaba el Watergate tenía simpatías por el Partido Republicano, pero por convicción se negó a votar en las elecciones que dieron un segundo mandato a Nixon (Bernstein votó al candidato demócrata). Otro ejemplo de su conducta se manifiesta durante la conferencia posterior a la entrevista: «Bernstein me llamó por teléfono y se limitó a decirme: ‘El hijo de puta ha perdonado al hijo de puta’». El presidente Gerald Ford acababa de anunciar el indulto para Richard Nixon. Nunca sería juzgado ni condenado por sus delitos.

Años después, Ford le confesaría al periodista que Nixon le había ofrecido antes de su caída su cargo a cambio del perdón presidencial, pero éste se había negado a aceptarlo. Si más tarde, ya como inquilino de la Casa Blanca, Ford se lo había concedido, era para que el país pudiera empezar de cero y afrontar la crisis económica. Esa decisión política tan cuestionada posiblemente le costó la reelección. Woodward pudo confirmar que la intención de Ford era honesta. «Su decisión no la tomó por corrupción sino por interés nacional. Veinticinco años después descubrí que había demostrado un gran coraje», y añade. «Me había equivocado totalmente al juzgar el significado político del momento».

¿Quién ha sido en su opinión el mejor presidente de los Estados Unidos que ha conocido y el que mejor ha lidiado con la prensa?
Ningún presidente ha tenido una gran relación con los medios, porque la prensa siempre busca lo que se esconde. Debemos estar siempre en tensión y vigilar al poder. No le puedo decir quién ha sido el mejor, pero sí que Nixon ha sido el peor.

En una entrevista en la que hablaba sobre la guerra de Irak dijo que estaba «intrigado por saber por qué apoyó tanto Aznar a Bush» [El País, febrero de 2007]. Diez años después le pregunto si ya lo ha averiguado.

Porque tenían una relación personal. Creo que Bush le llamó y le puso en primer plano. Resulta fácil hacer eso para un líder que no ha estado en la guerra… En los 60 serví en la Marina durante cinco años y estuve en la costa de Vietnam. Allí me di cuenta que la gran mayoría de los problemas no se resuelven con una guerra.

Por: Jorge Benítez

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