Irma alteró la cotidianidad de los metropolitanos

Irma alteró la cotidianidad de los metropolitanos

El paso del poderoso huracán Irma, de categoría 5, alteró las agendas cotidianas de los citadinos de Santo Domingo. Los pronósticos de que provocaría fuertes lluvias y vientos a su paso próximo a la costa norte, obligó al Gobierno a declarar el día de ayer no laborable y el ocio se dejó sentir.

Las congestionadas vías que hacen caótico el tránsito diurno entre semana, ayer lucían como espacios abiertos donde solo se sentía la inconsistente llovizna que humedecía a los escasos transeúntes y conductores que debían desplazarse de un lado a otro de la ciudad.

El comercio, fueran grandes plazas o pequeños establecimientos, acató el llamado al cierre, aunque algunos colmados en distintos barrios de la ciudad, se mantuvieron abiertos.

Tras tomar algunas medidas de seguridad en sus casas, algunas personas se entretuvieron jugando dómino en los colmados o en las esquinas, en las que también se reunieron niños y jóvenes a conversar y jugar. “Yo me preparé desde ayer (miércoles), asegurando todo en la casa, así que hoy lo pasaré compartiendo con los amigos”, declaró Diomedes Sención, sentado frente a un colmado en el barrio Luperón, en la zona norte de la capital.

En sectores como La Ciénaga y Los Tres Brazos, las personas se mostraban tranquilas aunque a expectativa del cauce del río Ozama, que al mediodía corría en normalidad, sin las crecidas de la época de lluvia.

“Gracias a Dios no ha subido, todo está tranquilo”, comentó Domingo Mateo, residente del sector La Ciénaga, justo al lado del Ozama. El señor, padre de cuatro hijos y empleado privado, dijo que pasaría el día en su casa cuidando a sus niños, por si pasa cualquier cosa y tiene que salir corriendo.

Maribel Pineda, otra de las residentes de ese sector, explicó que se quedará en la casa cocinando, porque el río no ha crecido, pero además, porque “si voy al albergue ahora los ladrones de una vez se entran a la casa, además en el albergue uno pasa mucha hambre”, dijo.

Entre los moradores, algunos se quejan de que ningún organismo de socorro ha acudido al lugar a pedirles que evacuen sus viviendas, vulnerables por su estrecha cercanía al río y su frágil estructura de zinc y madera.

Uno de los que se quejan es el chofer de guagua pública Freddy Ramírez. Contó que, desde hace tres días dejó de trabajar para atender a sus hijos, que viven junto a él en el sector Las Lilas, de Los Tres Brazos. “Uno no puede ir a trabajar porque si llega algo quién va a socorrer a mis hijos. Por aquí no viene nadie a ayudar a uno”, dijo justo al lado de una cañada de aguas pestilentes y llena de basura.

La zona del Malecón de Santo Domingo estuvo cerrada, pero eso no evitó que algunos, sobre todo turistas, acudieran a observar el movimiento de las olas de un mar Caribe un poco picado, pero no lo suficiente para que los surfistas se aventuraran.

Brigadas del Ministerio de Obras Públicas limpiaban en algunas avenidas del polígono central, pero en los barrios periféricos la basura se acumulaba en calles y aceras.

Pasado el mediodía, los citadinos seguían, a través de los celulares, radios o televisor, el curso del huracán Irma, que se movía próximo a la costa norte del país, pero sin expectativas de que ocurrieran más que las inconsistentes lloviznas que cayeron en la mañana en la Capital.

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