La economía, una profesión desafiante

La economía, una profesión desafiante

“¡Una materia fácil, en la que pocos se destacan! Esta paradoja quizás puede explicarse por el hecho de que el gran economista debe poseer una rara combinación de dotes. Tiene que llegar a mucho en diversas direcciones, y debe combinar facultades naturales que no siempre se encuentran reunidas en un mismo individuo. Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político. ”John Maynard Keynes, The Economic Journal, septiembre 1924

Este epígrafe es una de las citas más recordadas de John Maynard Keynes. Son las palabras finales del ensayo bibliográfico que Keynes escribió en reconocimiento a Alfred Marshall, y a quien consideraba en 1924 como el más grande economista de los últimos cien años; no sospechaba Keynes que casi cien años después él sería considerado por muchos como el más grande economista del siglo XX, para disgusto de quienes entienden que la teoría keynesiana está llena de debilidades metodológicas.

Ahora bien, cuando Keynes definió la economía con tanta magistralidad tenía en su mente la imagen de su admirado profesor Marshall, poseedor de una extraordinaria formación como matemático, historiador, filósofo y economista. Y que pudieran considerarse -en mayor o menor medida- como características comunes a la mayoría de los grandes economistas.

Esta reflexión me surge a raíz de haberse celebrado -sin pena ni gloria- el pasado martes 18 el día del Economista en nuestro país. Pero, cuando miramos hacia atrás se puede constatar que la profesión de economista ha evolucionado positivamente en las últimas décadas, desde que Bernardo Vega obtuvo su título de economista en Upenn a finales de los 50.

Algunos consideran a José Cordero Michel, hermano del historiador Emilio Cordero Michel, como el primer economista dominicano, quien fuera ultimado cuando formó parte de la expedición del 14 de junio de 1959. Al menos, un artículo de Cordero Michel apareció en la revista Caribbean Studies en 1962, analizando la reforma agraria en República Dominicana.

Otros economistas de esa época son Carlos Despradel, considerado el primer economista egresado de una universidad dominicana, y Hugo Guiliani Cury.

La limitada oferta de economistas para ese entonces fue complementada con un grupo de profesionales de otras ramas -abogados, ingenieros y contables, principalmente- que se dedicaron al ejercicio de la economía con bastante éxito; entre ellos, Diógenes Fernández, Milton Messina, Carlos Ascuasiati, Fernando Periche, Eduardo Fernández y Roberto Saladín, los cuales, con la excepción de Ascuasiati, tienen en común haber sido gobernadores del Banco Central de la República Dominicana. Ya en las décadas de los 70 y los 80 comenzaron a llegar al país economistas dominicanos con maestrías realizadas mayormente en Estados Unidos.

Con el tiempo las maestrías se fueron haciendo parte obligatoria de la formación de los economistas dominicanos. Un tanto distinto ha sido el caso de los doctorados o Ph.Ds. El padre Alemán podría considerarse como el primer economista en ejercicio en nuestro país con un doctorado -llegó en la segunda mitad de los 60-, aunque al momento de graduarse era de nacionalidad cubana.

Me parece que Gustavo Volmar -destacado columnista de este diario- fue el primer economista dominicano en obtener un doctorado en la década de los 70, seguido de Víctor Canto y Leonardo Conde; más tarde, obtendrían sus doctorados Andy Dauhajre, Julio Aybar, Carlos Asilis y Jaime Aristy. De manera que, según mis cuentas, al finalizar la década de los 80 apenas siete economistas dominicanos habían alcanzado el grado de PhD.

Otro importante grupo de doctores en economía se agregaría durante los 90, entre los que se destacan los esposos Magdalena Lizardo y Rolando Guzmán. Durante esa década fueron varias las mujeres que lograron el doctorado en economía, incluyendo a Gina Mascaró, Susana Sánchez y Rossanna Defilló -todas ellas en ejercicio fuera del país.

Asimismo, la formación de los economistas dominicanos se ha ido fortaleciendo, aún más, en el transcurso de las dos primeras décadas del presente siglo con la incorporación de un creciente grupo de doctores. Para citar algunos, Julio Andújar, Ramón González, Peter Prazmowski, Humberto Brea, Iván Brugal y Harold Vásquez.

De nuevo, un grupo de mujeres se destaca, como son los casos de Carmen Taveras, Indhira Santos, María Eugenia Dávalos y Yamileh García, todas con doctorado en USA o Inglaterra.

Es decir que la profesión de economista ha pasado de tener unos cuantos doctores en los 70 a más de 30 en la actualidad. Claro, una proporción importante -sobre todo de mujeres- ejerce en el exterior.

Pero, la calidad de la profesión no sólo puede ser medida por el número de doctores, pues un alto número de graduados en economía tiene maestrías de alta calidad.

Me parece que la evolución de la profesión en nuestro país ha sido muy positiva. Y que, cuando se incluye la formación fuera del país, el economista dominicano está hoy, en sentido general, mejor formado, aunque con la limitante de que cada vez más la nueva generación de economistas tiene un menor dominio de la historia de las ideas económicas. Sin ese dominio es mayor el riesgo de caer en la esclavitud -como diría Keynes- de las ideas de algún economista muerto. Precisamente, Keynes…

Autor: Pedro Silverio Alvarez

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