La injusticia es peor que la desigualdad

La injusticia es peor que la desigualdad

“¿Cómo pueden la fuerte preferencia por la igualdad que se encuentra en la discusión de las políticas públicas y en estudios de laboratorios coincidir con la preferencia por una sociedad desigual encontrada en la investigación política y de la conducta económica? Argumentamos que estos dos conjuntos de hallazgos pueden ser reconciliados a través de una sorprendente argumentación empírica: cuando los datos son detenidamente examinados, se revela que no hay evidencia que indiquen que en realidad la gente esté preocupada con la desigualdad económica. Más bien, les molesta algo que es frecuentemente confundido con desigualdad: la injusticia económica.” Christina Starmans et al., Nature Human Behaviour, abril 7, 2017

El gran tema del siglo XXI es la desigualdad económica que padecen segmentos mayoritarios de la población mundial. De acuerdo con cifras de diversas fuentes -muchas de ellas sujetas a interpretación- la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. Es una situación que desafía los límites de las políticas públicas para ofrecer estrategias que moderen el impacto social de los procesos económicos que causan una mayor desigualdad. Si bien los niveles de desigualdad se consideran altos y, en consecuencia, generan una natural aversión, muchos estudios no han establecido una clara distinción entre la desigualdad y la injusticia, de modo que pueda verse a cuál de ellas va dirigido esencialmente el rechazo de la población.

Precisamente, ese ha sido el objeto de un estudio que recientemente publicaran un grupo de científicos de la conducta humana de la Universidad de Yale (Starmans, C., Sheskin, M. & Bloom, P. Why people prefer unequal societies. Nat. Hum. Behav. 1,0082 (20170)). La tesis de ellos es que no hay evidencias de que la gente se moleste por la desigualdad en sí misma, sino por la injusticia económica, que frecuentemente se confunde con la primera. Los autores reconocen que las preocupaciones que la “gente expresa acerca de la desigualdad es también hallado en estudios de experimentos controlados en laboratorios, los cuales encuentran que un deseo por distribuciones iguales emerge en el desarrollo temprano de la humanidad y es aparente en muchas culturas diferentes.”

Sin embargo, continúan los autores, al considerar las investigaciones en psicología política y economía del comportamiento se destaca que las gentes al ser cuestionada sobre la distribución ideal de la riqueza en cada uno de sus países responden que prefieren una sociedad desigual. Y que estas preferencias se verifican en gentes con preferencias políticas contrapuestas, sin importar, incluso, la edad. Los citados investigadores notan que hay una diferencia entre la preferencia por igualdad en distribuciones de un pequeño número de miembros y la preferencia por igualdad cuando se trata de grandes grupos en el mundo real. En el primer caso, cuando a las personas se les pide que distribuyan recursos en un pequeño grupo -en un experimento de laboratorio- resulta en una clara inclinación por una distribución igualitaria. Pero, cuando el ejercicio se traslada a una larga escala en el mundo real el resultado es que rechazan la distribución igualitaria y prefieren un cierto grado de desigualdad; lo cual, es una aparente contradicción.

Para los autores no existe tal contradicción, y la explicación es que la gente no tiene una real preocupación por la desigualdad económica, sino por la injusticia económica. En el mundo real las personas muestran preferencia por un cierto grado de desigualdad, aunque deseen un mundo más igualitario. Esta preferencia que se verifica en Estados Unidos también ha sido verificada -destacan los autores- en otros 16 países, independientemente de las preferencias políticas. Pero, los investigadores de Yale entienden que en esos resultados se subestima la preferencia por la desigualdad. En los estudios de estos últimos se determinó que la ratio de riqueza ente los más pobres y los más ricos debía ser de 1/50 (un miembro del quintil superior debía tener una riqueza 50 veces la poseída por un miembro del quintil inferior), en contraste con los estudios anteriores de 1/4. En la sociedad norteamericana, resaltan los autores, un típico CEO gana 354 veces más que un típico trabajador, un notorio incremento con relación a una ratio de 20 veces que existía hace 50 años. Por eso, la idea de “no demasiado igual, no demasiado desigual”.

La confusión entre igualdad y justicia se origina, de acuerdo con el equipo de investigadores, en el hecho de que se presupone que todo lo que es igualitario es justo. Por tanto, numerosos estudios previos no establecían los mecanismos para separar una cosa de la otra. Cuando se separan se puede apreciar que lo justo puede conducir a una mayor desigualdad. En un experimento con un ambiente neutral la gente distribuye los bienes de manera igualitaria, pero cuando la distribución de los bienes tiene en cuenta diversos criterios -como el trabajo realizado, el mérito, el esfuerzo, la productividad- el sentido de justicia se impone sobre la preferencia por la igualdad. En el fondo, es la diferencia entre políticas de equidad -crear las mismas oportunidades para todos- y las políticas de igualdad que pretender forzar un orden social igualitario.

Mirando un poco hacia nuestra realidad, tenemos que en las últimas décadas el crecimiento económico ha sido sobresaliente, acompañado de una profundización de la desigualdad social. Pero, aún con esas características la sociedad dominicana no había alcanzado los niveles de indignación que actualmente prevalecen. Y más que un rechazo a la desigualdad es una indignación que entre otros factores rechaza la injusticia económica. Una injusticia económica que permite y fomenta el enriquecimiento ilícito sin ningún tipo de sanción, generando una mayor desigualdad social. Para el bien de la estabilidad económica y social no se puede seguir ignorando esa realidad.

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