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Las intensas y paradójicas relaciones entre el castrismo y el franquismo

Las intensas y paradójicas relaciones entre el castrismo y el franquismo

Puede decirse que relación entre España y Cuba durante el castrismo se parece a la de dos hermanos que han sabido mantener sus relaciones pese a los incidentes puntuales (algunos de cierta gravedad) y las posturas ideológicas oficiales, que en España han experimentado diversas modificaciones mientras en Cuba el castrismo se mantenía pese a las dificultades y las presiones internacionales.

Es llamativa la relación entre el castrismo y el franquismo. Aunque andaban ámpliamente separados en el espectro ideológico, Franco nunca rompió las relaciones con el régimen cubano, y ni siquiera cedió a la presión de los Estados Unidos para sumarse al bloqueo comercial a la isla. Por su parte, Castro supo apreciar esa actitud; en una biografía publicada en 2006, titulada ‘Fidel Castro. Una biografía a dos voces’, Fidel escribe al respecto: “Fue una actitud meritoria, que merece nuestro respeto e incluso merece, en ese punto, nuestro agradecimiento. No quiso ceder a la presión norteamericana. Actuó con testarudez gallega. No rompió relaciones con Cuba. Su actitud fue firmísima”.

Comienzos difíciles

Comienzos difíciles

Sin embargo, no todo fueron elogios y amabilidades entre ambos estados. De hecho las relaciones comenzaron bastante mal. Desde 1960 -sólo un año después de que Castro llegara al poder- hasta 1975, año de la muerte de Franco, España no tuvo embajada en Cuba, tras la expulsión fulminante del entonces embajador Juan Pablo de Lojendio, tras un escándalo surgido a partir de que Castro acusara en un programa de la televisión pública, en directo, a la embajada española de estar involucrada en “actividades contrarrevolucionarias”, y a los conventos de religiosos españoles de ocultar armas.



Lojendio estaba viendo ese programa de televisión en su casa, ya acostado. Cuando escuchó esas acusaciones, se levantó de la cama y se dirigió al plató de televisión. Lo ocurrido a continuación lo cuenta bien Enrique Trueba, antiguo presidente del Centro Cubano de España, en declaraciones recogidas en un artículo de El País publicado por el periodista Juan Jesús Aznárez en 1990: “Lojendio dijo al moderador: “Un momento, por favor. Vengo a rebatir las acusaciones que se hacen contra la embajada de España”. El moderador le indicó que tenía que pedir permiso al primer ministro, Fidel Castro, a lo que contestó Lojendio. “Esto es una democracia, y el señor moderador es el que dirige”. En ese momento se levantó Castro y exclamó, fuera de sí: “¡Me va a hablar de democracia el embajador de la mayor dictadura de Europa!”. Entonces quitaron la imagen, pero no el sonido, y se escucharon innumerables insultos”. Echaron al embajador del plató. Al día siguiente, el régimen castrista le dio veinticuatro horas para abandonar Cuba.

Fuerte vínculo a pesar de todo
Sin embargo, el franquismo y el castrismo, paradójicamente, no rompieron relaciones. Los buques españoles siguieron entrando en los puertos cubanos y la compañía aérea Iberia seguía cubriendo los trayectos entre Europa Occidental y Cuba. Y sobretodo, el hecho de que Fidel Castro concediera tres días de luto nacional por la muerte de Franco revela hasta qué punto España y Cuba tenían un vínculo fuerte por debajo de incidentes y diferencias ideológicas.

Los restos de Franco, en la capilla ardiente, que se instaló en la sala de Columnas del palacio de Oriente

Los restos de Franco, en la capilla ardiente, que se instaló en la sala de Columnas del palacio de Oriente

Una explicación geoplítica puede encontrarse en un artículo escrito al respecto por el periodista Pedro fernandez Barbadillo y publicado este lunes en Libertad Digital: “La actitud de Franco respecto a Cuba se suele atribuir a varias razones.

Una fue la aplicación estricta de la Doctrina Estrada en Derecho Internacional y que se resume en que los Estados mantienen relaciones entre sí con independencia de los Gobiernos. El régimen del 18 de Julio reclamaba para sí esa doctrina.
Otra, que España, uno de cuyos pilares en política internacional era la comunidad hispanoamericana, no podía romper con uno de esos miembros, pasase lo que pasase.
Y la tercera, que Madrid quería evitar que Cuba se convirtiese en un centro de actividades antifranquistas, como ya lo eran México, que reconocía al decrépito Gobierno republicano y no mantenía relaciones diplomáticas con España, y Venezuela”.