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Manipulación y percepción de las crisis económicas

Manipulación y percepción de las crisis económicas

“No sabemos desde dónde vendrá la próxima crisis. De la historia aprendemos que no aprendemos de la historia. (…) Aun aquellos cuyo trabajo es hacer pronósticos no conocen lo que está por venir. Uno de ellos que mejor hizo eso es Geoffrey Moore, fundador de Economic Cycle Research Institute, decía a sus estudiantes que aquel que puede predecir el tiempo exacto en el que se iniciará una recesión es un gran pronosticador.” Johan Norberg, Financial Fiasco, 2009

Los economistas tienen un pobre récord en materia de pronósticos. Pocas veces han sido capaces de anticipar una crisis. Y constantemente, sus pronósticos tienen que ser actualizados para ir ajustándolo a la cambiante realidad. Quizás haya mucho de verdad en la sarcástica afirmación que se le atribuye a Yogi Berra -un ícono del béisbol y de los Yankees de NY- de que “los pronósticos son muy complejos, sobre todo, cuando se trata del futuro.” Y, precisamente, de eso se trata: del futuro. Un premio Nobel de Economía como Paul Krugman afirmó en 1998 que para el año 2005 quedaría claro que el impacto del internet en la economía no sería superior al impacto de las máquinas de fax; sin dudas, unas de las afirmaciones más descabelladas que sobre la internet se han hecho hasta la fecha.

Krugman no está solo; por el contrario, tiene la compañía de uno de los más grandes economistas del siglo pasado, el inglés John Maynard Keynes, quien poco antes de la gran depresión de 1929 planteó que “en nuestro tiempo no tendremos más crisis (crashes). Encuentro los mercados muy interesantes, y los precios son bajos. Así que, ¿de dónde provendría una crisis?”. Poco más de un año después, la Humanidad conocería uno de los derrumbes económicos más impresionantes. Keynes tenía, además, la reputación de manipular la percepción de los agentes económicos para obtener ventajas en los mercados financieros.

Más recientemente, Joseph Stiglitz y un par más de economistas fueron contratados por Fannie Mae y Freddie Mac -dos grandes firmas financiadoras de bienes raíces en Estados Unidos- para que evaluaran su situación de riesgo ante los rumores de que ambas firmas estaban en una difícil situación financiera -esto es, unos años antes de la gran recesión de 2007-08. De acuerdo con Norborg, el informe de esos notables economistas concluía que la probabilidad de que Fannie Mae y Freddie Mac cayeran en la insolvencia era “extremadamente baja”, y que el riesgo para el gobierno era “efectivamente cero”. Esto les dio un respiro a ambas empresas, pues los inversionistas se dejaron marear por el reporte de tan renombrados economistas. Sin embargo, unos años más tarde, ambas empresas quebraron, y se convirtieron una pesada carga para el gobierno norteamericano que “solidariamente” las socorrió con una enorme inyección de capital.

La manipulación de la percepción también ocurrió cuando, antes de la gran recesión, varias agencias calificadoras de riesgo otorgaron alegremente -por lo que posteriormente fueron debidamente sancionadas- calificaciones infladas para derivados financieros con el condenable propósito de que esos instrumentos fueron adquiridos por un público que confiaba ciegamente en dichas calificaciones, e ignoraba que se trataba -y se trata- de un trabajo pagado por los propios emisores; un obvio conflicto de intereses.

Hay que suponer que los gobiernos también tienen incentivos para mentir. Y no es extraño que fabriquen estadísticas para pintar un cuadro color rosa; un mundo de ensueño. Son esas mismas estadísticas que son utilizadas por los organismos internacionales para construir sus pronósticos; por lo que no resulta sorprendente que sus pronósticos sean similares a los pronósticos que internamente hacen los gobiernos. No es necesario mencionar los casos que, como los de Grecia, Portugal y España, falsearon estadísticas para engañar -claro está- a esos organismos internacionales, especialmente al Fondo Monetario Internacional (FMI). Las metodologías pudieran estar estandarizadas; pero, las que pudieran no estar estandarizadas son las reglas morales con las que son aplicadas esas metodologías.

Y de repente, un paralelismo insospechado. Ahora resulta que desde el descubrimiento de América hemos avanzado muchísimo como país: todos nuestros indicadores -demográficos, sociales y económicos- han tenido un comportamiento extraordinario; similares avances -o quizás más- también han ocurrido en los demás países de América Latina. Si aplicáramos a Puerto Rico la “nueva teoría” de la sostenibilidad fiscal basada en el balance general -activo, pasivo y patrimonio- pudiéramos concluir que, en contra de toda la evidencia, en dicho país no hay una crisis económica.

De acuerdo con la nueva interpretación oficial, todo el endeudamiento ha sido invertido para mejorar la infraestructura del país. Pero, se trata de una especulación. Igual se podría decir que todo el endeudamiento ha sido para cubrir gastos corrientes, lo cual también puede ser calificado como una especulación, dado el carácter fungible del dinero. Las estadísticas se pueden manipular en ambas direcciones. Lo que no es una especulación es afirmar que, tanto el endeudamiento, como los proyectos de infraestructura, han sido generosas fuentes de corrupción pública y privada. En otros tiempos decir esto pudo haber sido especulativo. Hoy no. El sofisticado esquema de corrupción implementado por Odebrecht con la complicidad de importantes esferas gubernamentales puso al descubierto una realidad que muchos sospechaban.

En definitiva, y a contrapelo de no ser admitido, el endeudamiento público muestra una tendencia que mueve a una gran preocupación, tal como ha sido reconocido por un organismo financiero internacional que como el FMI -que no puede ser tipificado ni como “marchista” ni como opositor- no se caracteriza por tomar posiciones que lesionen los intereses de los países miembros. Después de todo, como alguien afirmara “el comienzo más común del desastre es un cierto sentido de seguridad”. Pero, no importa… hasta los grandes economistas pueden mentir cuando se trata de sus intereses…

Autor: Pedro Silverio Alvarez

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