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Neymar reclama el puesto de estrella que nunca pidió en el Barcelona de Messi

Neymar reclama el puesto de estrella que nunca pidió en el Barcelona de Messi

Neymar se marchó del Barcelona pensando en ser la estrella más brillante del firmamento futbolístico. El PSG le ofreció un salario mareante y algo que el Barça no podía darle: ser el gallo del corral. El brasileño tenía claro que mientras vistiese de azulgrana la estrella era Messi y que solo una retirada del argentino cambiaría el ‘statu quo’. Tampoco es que eso sea algo que se vislumbre cercano.

El extremo brasileño negó en su presentación que su millonaria marcha tuviese nada que ver con eso, pero en realidad los motivos que arguyó ratificaron la idea de que su decisión tenía mucho que ver con eso. Y no sin razón, esta misma temporada, en los premios de la UEFA, Ney no estaba entre los tres candidatos al mejor jugador de la Champions pasada. Sí lo estaba Messi, lo cual era curioso porque si la decisión se circunscribía a la competición, el brasileño podía decir que había sido más importante que su compañero en la remontada contra el PSG, el partido de más valor de los catalanes en la Copa de Europa. No importó, Messi sí estaba -es casi un automatismo que él y Cristiano estén nominados a los premios individuales- y Neymar no apareció en la terna de finalistas.

 

En París, se entendía, todo iba a girar alrededor de Neymar. El desembolso de dinero, la multitudinaria presentación, las declaraciones del presidente de Al-Khelaifi… todo parecía dirigido a ponerle a pilotar la nave, pero nadie pareció comentárselo a Cavani. Y el delantero uruguayo, al menos en estos primeros partidos de temporada, no está dispuesto a dejar tan fácilmente su posición preeminente en la constelación del PSG.

Rifirrafes entre Neymar y Cavani
Cavani y Neymar ya han tenido varios rifirrafes por ver quién de los dos tiene que tirar faltas y penaltis. Puede quedar todo en una anécdota, que ambos jugadores, por su propia voluntad u obligados, lleguen finalmente a un acuerdo para repartirse la estrategia. Pero lo que es cierto es que eso de momento no ha ocurrido. Han chocado en el campo, un choque de egos que puede ser un problema para los parisinos.

El presidente Nasser Al-Khelaifi veía la imagen desde el palco con un gesto inequívoco, no le gustaba el espectáculo que estaban montando ambos jugadores, divididos por el poder del balón. Junto a él estaba Nicolas Sarkozy, invitado de excepción en el partido contra el Lyon. “Cuando llegas a un nuevo equipo, lo habitual es que te integres sabiendo el rol de cada uno… Pero Ney ni se ha molestado en pensar eso”, dicen a ESPN fuentes de la directiva parisina. Lo más probable, sin embargo, es que sí lo haya pensado y haya concluido que ahora el PSG es el equipo de Neymar.

El papel de Alves

Cavani, por su parte, conoce ya esta sensación. Lleva goleando desde 2013 con el PSG, pero no es la primera vez que las tiene tiesas con un compañero a cuentas de los celos por ver quién es la estrella y quién el secundario en el equipo de presupuesto catarí. En 2015, de hecho, llegó a barajar su salida del club por incompatibilidad con Zlatan Ibrahimovicque, un poco como Neymar ahora, llegó al club sin preguntar a nadie quién era el crack, pues es de los que dan por sentado que cuando aparecen en una habitación nadie puede quitarles protagonismo.

La sangre no llegó al río y el sueco terminó saliendo del equipo un año más tarde, buscando otros retos. Cavani se quedó como la estrella y como tal ejerció, pero la llegada de Neymar rompe la jerarquía. El síntoma de la estrategia es uno de los múltiples problemas que el técnico Unai Emery tendrá que lidiar. “Los dos son capaces de tirar los penaltis y no hay una jerarquía. Si no hay acuerdo entre los dos, tomaré una decisión”, explica el entrenador de los parisinos.

Contrasta la actitud de Neymar con la que solía llevar a cabo en Barcelona. Desde el primer día asumió pública y privadamente que su función era ser escudero de Leo Messi. En sus declaraciones le señalaba como el mejor jugador del mundo y, en ocasiones, incluso se le vio en el campo intentando agradar al argentino con su juego, buscándole siempre en el ataque. Ambos, de hecho, terminaron siendo grandes amigos, siempre, eso sí, con la jerarquía clara. Los penaltis, que es el primer problema público que tiene con Cavani, eran cosa de Messi, aunque a veces el argentino cediese a su compañero ese derecho adquirido. Lo hizo en diversas ocasiones y fue elogiado siempre por su generosidad.

Una de las claves de todo esto tiene que ver con el liderazgo, que es un concepto que Neymar asume claramente en Brasil pero aún tiene que abrazar plenamente en su periplo europeo. En Barcelona no lo hizo, porque tampoco le tocaba y en París está por ver que pueda llevarlo a cabo. Las imágenes, además, apuntan a otro jugador con capacidades innatas para esa labor: Dani Alves.

Es curiosa la historia del lateral, defenestrado por el Barcelona cuando aún le quedaban partidos valiosos en sus piernas. El año pasado lo demostró en la Juventus, de la que también salió mal, y esta temporada parecía destinado a reencontrarse con Guardiola en el Manchester City. Estaba todo hablado para que así fuese, pero el PSG se cruzó por su camino. El interés estaba, por descontado, en el talento del brasileño, pero también era una forma de acercarse a lo que iba a terminar siendo el mayor pelotazo del mercado de fichajes. Y así fue, la presencia de Alves fue importante para la decisión final de su amigo Neymar.

Hacer más fácil la vida a Neymar
Alves es uno de esos jugadores con personalidad. No son tan comunes en el fútbol y no siempre es para bien, pero en su caso es evidente que no le falta carácter ni carisma. En los equipos en los que está siempre termina siendo una de las voces más escuchadas y en el PSG tiene claro que parte de su labor es hacer la vida más fácil de Neymar. Por eso es él quien va a recoger la bola del regazo de Cavani antes de tirar la falta de la discordia. Su objetivo, por supuesto, era darle la consideración de estrella protagonista a su amigo, aunque después del partido dijese que quería tirarla él mismo.

Neymar y Cavani tienen que solventar la situación. No sería la primera vez que la mala relación de dos jugadores da al traste con un proyecto deportivo. El PSG ha pagado este año una salvajada de dinero con una idea en mente, ser el mejor equipo del mundo. Como siempre pasa en el fútbol, no es cuestión de individuos sino de colectivos. Sobre el papel, al menos en la publicidad, Neymar es el ídolo y así lo demuestran las 120.000 camisetas vendidas desde que llegó. En el campo, por el momento, Cavani no va a ponerlo tan sencillo.

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