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El padrón de los partidos, la teoría económica de los clubes y el ‘velo de la ignorancia’

El padrón de los partidos, la teoría económica de los clubes y el ‘velo de la ignorancia’

La teoría de clubes desarrollada en este ensayo aplica, en el estricto sentido, solamente a la organización de membresía o arreglos compartidos en donde la ‘exclusión’ es posible. (…) Por tanto, la teoría de club es, en un sentido, una teoría de exclusión optima, así como también una de inclusión. (…) Si los individuos piensan que la exclusión no será completamente posible, que ellos pueden tener la expectativa de asegurar beneficios como free-rider [beneficio sin costo alguno] sin realmente tener que ser un miembro de pleno derecho y contribuyente al club, ellos pudieran ser reacios a entrar voluntariamente en un arreglo para compartir los costos». James Buchanan, Economica, febrero 1965

James Buchanan –con la influencia de A. C. Pigou y Frank Knight, dos extraordinarios economistas de la primera mitad del siglo XX- escribió en 1965 un ensayo para la revista Economica –An economic theory of clubs [Una teoría económica de clubes]- en donde sentó las bases para analizar, desde el punto de vista económico, la provisión de bienes que no encajaban en la dicotomía tradicional de bienes públicos versus bienes privados. Se refería Buchanan a bienes o servicios que podían ser ofrecidos a través de organizaciones con membresía, como las asociaciones profesionales, las organizaciones internacionales, los clubes deportivos y un sinnúmero de otras organizaciones. Dentro de esas organizaciones podemos agregar a los partidos políticos.

Un rasgo distintivo de esas organizaciones o clubes es que cuentan con mecanismos de exclusión o barreras de entrada que limitan deliberadamente el tamaño de las mismas. Un buen ejemplo es el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Al momento de su fundación en 1973 se establecieron reglas que limitaron el tamaño de su membresía, como fue el requisito de completar una formación política a través de los Círculos de Estudio, con el objetivo, obviamente, de la unificación o estandarización ideológica. Más tarde, luego de su primera experiencia como partido gobernante, el PLD abrió sus puertas a la masificación y, en gran medida, eliminó las barreras de entrada.

De acuerdo con Buchanan existe un tamaño óptimo para los clubes que tiene relación con los rendimientos crecientes a escala que ofrece la organización a sus miembros en la consecución de sus objetivos y los costos para alcanzarlos. En el caso de los partidos políticos el tamaño óptimo pudiera ser el tamaño de la población en capacidad de votar. Pero en la medida que un partido se masifica va perdiendo cohesión ideológica y se hace más difícil compartir los costos como organización. Y muchos se esconden en esa masificación para recibir los beneficios sin tener que asumir los correspondientes costos. En otras palabras, la real membresía queda destruida o severamente mermada.

Por eso, el tema del padrón de los partidos reviste una importancia especial que sobrepasa la mera coyuntura política, matizada por los conflictos internos de tendencias que quieren capitalizar a su favor las reglas a utilizar para realizar las primarias. Es un debate que pone al descubierto las propias debilidades de los grandes partidos; algunos de ellos no han sido capaces de realizar convenciones democráticas para renovar sus estructuras directivas y les asusta realizar unas primarias con unas reglas que garanticen la democracia interna, la misma que no han practicado.

Un factor que agrava el conflicto es el hecho de que el proceso para definir las nuevas reglas no está revestido –como plantearía Buchanan- del “velo de la ignorancia”; esto es, que los actores envueltos no conozcan de antemano en qué situación se encontrarían al momento de aplicarse las nuevas reglas. Ese es el gran problema. Cada quien sabe qué le conviene y qué le perjudica. Lo ideal sería que esto pudiera decidirse tomando en cuenta el mejor interés institucional del país.

Sin embargo, e independientemente de las razones jurídicas que analistas competentes han esgrimido, las primarias con el padrón de la Junta Central Electoral –no con el padrón de cada partido político- contraviene el principio de exclusión que es propio de toda organización o club. En el caso del PLD, llevaría a su máxima degradación el proceso de masificación que inició hace unos quince años.

Ciertamente, los partidos políticos –si la decisión final fuera la utilización de sus propios padrones- tendrían que invertir tiempo y recursos para depurar, reconstruir o levantar un nuevo padrón; pero, es un costo que mejora la participación a lo interno de los partidos y fortalece el deficitario régimen democrático en el que vivimos. Asimismo, es importante que las primarias se realicen simultáneamente, pues si bien al utilizar el padrón de cada partido se reduce la intromisión de otros partidos en las decisiones internas, no es menos cierto que muchos podrán inscribirse -en una táctica anticipada- en dos o más partidos con el interés posterior de afectar los procesos internos de algunos partidos.

No es casualidad que quienes favorecen la utilización del padrón abierto de la JCE son, precisamente, quienes están en mejores condiciones para utilizar los recursos del Estado en beneficio propio y en beneficio de candidatos en la oposición. Las primarias cerradas y simultáneas hacen menos costoso el proceso político y nivelan el terreno para la competición política. En este sentido, no es recomendable que la JCE actúe como organizador de las primarias; es una tarea enteramente de la responsabilidad de los propios partidos. Son ellos los que tienen que resolver sus deficiencias internas.

Llama la atención que un tema tan obvio se convierta en fuente de tensiones a lo interior de los partidos, y habla muy mal del compromiso que algunos líderes políticos tienen con el desarrollo institucional de nuestro país. Increíble, pero cierto. Pedrosilver31@gmail.com

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