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El recambio generacional de la clase política dominicana

El recambio generacional de la clase política dominicana

Los partidos políticos más importantes de la República Dominicana no parecen tener un recambio generacional significativo en sus más altas esferas. Así, en el lento camino hacia la próxima presidencia se atisba el regreso de los expresidentes Hipólito Mejía y Leonel Fernández, la insistencia de Luis Abinader, e incluso el arrepentimiento de Danilo Medina para aspirar a un tercer mandato. Mientras tanto, en el PRD Miguel Vargas intenta monopolizar el poder en detrimento de Guido Gómez Mazara.

Aun así, hay algunos jóvenes en el panorama: en el PRM aparece el alcalde del Distrito Nacional, David Collado, quien consiguió vencer al PLD con una actitud respetuosa y conciliadora. El alcalde es un paladín del emprendedurismo, irradia innovación desde sus tiempos en el congreso y se muestra como un hombre preocupado por la falta de oportunidades que tienen los jóvenes.

Su gestión está siendo bastante satisfactoria teniendo en cuenta los grandes desafíos que tiene que afrontar la urbe. Sin embargo, surgen algunas sombras que lo envuelven; por un lado, su ostensible independencia del PRM, y por otro, la relación que mantiene con la familia Vicini. El posicionamiento equidistante entre el partido y algún respaldo empresarial puede ser una opción inteligente pero también puede desembocar en una situación confusa.

La meritocracia emancipada de cualquier promoción interesada se hace difícil de alcanzar cuando se bascula entre dos extremos: los arraigados lazos clientelares y el personalismo. Además, la capacidad de conseguir ese punto medio que permite moverse con destreza a través de todos las presiones no es totalmente demostrable en la política municipal.

Otra de las promesas del PRM es el senador José Ignacio Paliza, cuyo principal mérito es el de haber sido elegido diputado con solo 27 años. Últimamente ha exhibido sus aptitudes en algunos debates, pero al igual que con Collado, ronda en él un fantasma, tal vez ineludible en la sociedad dominicana, el de políticos impulsados por buenas familias pertenecientes a las elites económicas del país.

La exacerbación de esto es el nepotismo explícito: un caso paradigmático en el PRM es el de Jean Luis Rodríguez Jiménez, flamante diputado de 28 años, que sustituyó en el puesto nada más y nada menos que a su padre, quien se tuvo que retirar por problemas médicos.

En tanto, en el PLD las cosas se presentan todavía menos favorables para la renovación generacional: el exministro de Industria y Comercio, José del Castillo Saviñón, se ha convertido en el actual presidente del Consejo Directivo del INDOTEL; su procedencia social desde un ámbito más intelectual no le garantiza demasiado en la escalada de la empinada estructura del partido dominante.

Por su parte, el PRD ha decidido reservar una cuota de participación de un 25 % para jóvenes en todos los estamentos de dirección, gesto que puede estar dirigido a frenar el éxodo de afiliados al PRM.

Buena parte de los futuros responsables del Estado ya están amarrados a los mecanismos típicos que catapultan al poder, otros tantos, estarán dispuestos a emularlos desde abajo. No obstante, en diversos rincones del país emergen jóvenes muy bien formados y con vocación que carecen de recursos o de los contactos necesarios para desarrollarse políticamente.

No se vislumbra aún la eclosión de figuras con peso para liderar el país en la próxima década. Por lo cual, sin caer en una ingenuidad que vaticina redentores impolutos, el sistema político dominicano necesita inyectar frescura a sus cúpulas por medio de políticos inéditos que sean valorados más por sus virtudes profesionales que por su extracción social o su pericia en encontrar un protector.

Autor: Augusto Manzanal

Autor: Augusto Manzanal

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