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“Todos se lo pasan genial menos yo” ¿Le resulta familiar esta sensación? De ella va todo esto

“Todos se lo pasan genial menos yo” ¿Le resulta familiar esta sensación? De ella va todo esto

¿Ha tenido alguna vez la incómoda sensación de que todos sus amigos de Facebook están haciendo cosas interesantes, mientras usted lo ve todo desde fuera? Si la respuesta es ‘sí’, es probable que padezca ‘miedo a perder algo’ o FoMO (‘Fear of missing out’ en inglés).

Se trata de un trastorno real definido por investigadores como “una sensación incómoda y a veces devoradora de estar ‘fuera de juego’, de que todos sus conocidos hacen, saben o poseen algo mejor que usted”. Es el miedo irracional a que, en cuanto cierre las redes sociales y apague su teléfono, suceda algún acontecimiento importante que usted se perderá.

No es ningún secreto que la vida de los demás, tal y como la percibimos a través de las redes sociales, no es real y se trata de una imagen ‘perfeccionada’: nadie sube a Facebook sus peores fotos y muchos recurren a las redes sociales solo para jactarse. La paradoja es que, pese a que lo sabemos de sobra, muchos no soportan la tentación de comparar su propia vida real con esta imagen virtual.

En caso del FoMO, a la depresión general provocada por esta comparación se añade la sensación de que podemos formar parte de la ‘mejor’ vida de otros si estamos constantemente presente en las redes sociales. En resultado, abrir Facebook se convierte en la primera necesidad cuando nos levantamos, en la última cosa que hacemos antes de dormir y, en los casos más graves, simplemente en una necesidad constante que, por si fuera poco, nos hace sentir mal.

 

¿Lo padece mucha gente?

No está claro cuántas personas padecen este problema en su manifestación más leve o más grave, pero varios estudios sugieren que son muchos, hasta tres cuartas partes de los jóvenes. Otro estudio sugiere que los hombres suelen padecerlo más a menudo que las mujeres, aunque esta diferencia es muy leve.

¿Es oficial?

El término en inglés fue reconocido en 2013 por el diccionario Oxford English Dictionary, pero el trastorno aún no está presente en la Clasificación Internacional de Enfermedades y, por lo tanto, no puede considerarse una enfermedad reconocida. Sin embargo, ya hay bastantes estudios científicos sobre este fenómeno, y varios psicólogos aportan consejos sobre cómo superarlo.

¿A qué se debe?

La respuesta menos delicada suele vincularlo con la envidia, aunque, en realidad, el asunto es más complejo. Algunos psicólogos creen que este miedo se basa en una infelicidad general. Por ejemplo, un estudio concluye que las personas menos satisfechas en cuanto a necesidades fundamentales como las de sentirse competente, autónomo y relacionado con los demás, tienden padecer más este miedo. Lo mismo pasa con personas que suelen estar mal de humor y que, en general, están insatisfechas con su vida.

En el ‘grupo de riesgo’ figuran, además, personas que padecen ansiedad o ansiedad social, y aquellas que sufrieron algún trauma emocional en su pasado. A ellos se añaden personas obsesivas o compulsivas.
¿Es la culpa de Facebook?

No. El miedo a perder algo es, de hecho, tan primordial que nuestro cerebro incluso presenta una zona consagrada a responder rápido a esta amenaza. Estar al tanto de las ‘últimas noticias’ sobre nuevos peligros o fuentes de comida era antes una cuestión de supervivencia. Sin embargo, quedarse ‘fuera de juego’ no representa ahora una amenaza mortal, si bien algunos usuarios de las redes sociales siguen percibiéndolo como algo de vital importancia. Por todo ello, lo único que hace Facebook es activar este miedo ancestral.

¿Por qué el cerebro nos hace sentir mal?

Nuestro cerebro elaboró en la antigüedad el sistema de ‘respuesta rápida’ ante la amenaza de perder algo. El cuerpo amigdalino del cerebro detecta esta amenaza’ (al igual que otras más reales), y desata el estrés psicológico que debe ‘motivarnos’ para que actuemos. El problema es que el estrés psicológico no es nada agradable, razón por la que el miedo a perder algo nos hace sentir mal.

¿Tiene cura?

Como no se reconoce como enfermedad en el pleno sentido de la palabra, resulta un poco prematuro hablar de tratamientos. Aunque, obviamente, existen formas de contrarrestar los efectos de este trastorno. Apuntamos algunas sugerencias prácticas más abajo

¿Cómo me pongo a salvo?

Lo más importante es entender el mecanismo de este miedo y romper el círculo vicioso. Una ‘respuesta’ común al miedo de perder algo es la de chequear con frecuencia las redes sociales para no perderse nada importante, hasta que ello se convierte en una adición. Chequear constantemente las redes sociales = estar constantemente en estado de estrés = sentirse mal constantemente.

Ceder al miedo a perder algo significa estar perdiéndose momentos de la vida real: uno presta toda su atención a la vida virtual en las redes sociales y no hace caso a lo que, de verdad, está sucediendo. Esto es un error grave que no hay cometer.

También es importante dejar de jactarse de su vida en las redes sociales: este tipo de publicaciones pueden reducir temporalmente su propio estrés por el FaMO, pero alimentan este miedo entre otras personas que, supuestamente, son amigos suyos.
¿Qué hago ahora mismo entonces?

Las respuestas son bien sencillas: deje de buscar la felicidad fuera de su vida real y, literalmente, deje que su cerebro descanse de la ansiedad que le provocan las redes sociales.

Deje de usar su teléfono cuando esté con otras personas y desactive las notificaciones de las redes sociales para que no le distraigan de cosas que son, en realidad, más importantes. Pruebe a borrar la aplicación del Facebook de su teléfono.

¿Y si esto no me ayuda?
Intente este truco psicológico: mire a su alrededor e imagine que todo lo que ve no existe. ¿Cómo se sentiría sin su familia? ¿Sin su cama favorita? ¿Sin su gato? Este truco le puede ayudar a dejar de intentar llenar su vida con publicaciones de Facebook y sentir alegría por lo que forma parte de su vida.

¡No me sirve!

Si el miedo a perder algo no fuera un problema complejo, no se hablaría tanto de él. En algunos casos puede ser necesario buscar la ayuda de especialistas: un psicólogo, un psicoterapeuta o un psiquiatra, dependiendo de gravedad de su condición.

 

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